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¿Qué consecuencias tiene el consumo de aceite de palma? ¿Es perjudicial aunque sea un aceite de vegetal? Estas y otras preguntas forman parte del debate abierto en torno a un producto muy común en la industria alimentaria y que no deja de despertar recelos.
La alerta reciente de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) hacía una referencia específica no tanto a las características nutricionales del aceite de palma, sino a los contaminantes generados en el proceso de refinamiento (3-MPD, glicidol y sus ésteres).

No todos los aceites y grasas vegetales son iguales. Mientras que unos ayudan a nuestro organismo a mantenerse en buen estado, otros producen el efecto contrario si se ingieren con frecuencia. Saberlos distinguir por lo tanto, es vital para preservar nuestra salud. Un claro ejemplo es el del aceite de palma y el de oliva, ambos vegetales, pero el primero demonizado y el segundo laureado. ¿Por qué?

El aceite de oliva virgen extra contiene un tipo de grasa saludable que incluso ayuda a reducir la mortalidad por enfermedades cardiovasculares. Por su lado la grasa de palma, el aceite de palma y el ácido palmítico, obtenidos del fruto de la especie Elaeis guineensis, conocida como palma africana o aceitera, también tienen sus propiedades, pero no precisamente saludables al tratarse de una grasa saturada.

Según la Federación Española de Sociedades Científicas de Nutrición, no se recomienda que el total de grasas saturadas supere el 10% del total calórico. Por lo tanto, es aconsejable limitar el consumo de alimentos preparados y procesados, así como la bollería industrial, snacks, galletas, que contienen en su composición grasas saturadas.

Existe una recomendación expresa de limitar el consumo de grasas saturadas por sus potenciales efectos perjudiciales para la salud, en especial en relación con la enfermedad cardiovascular y la obesidad. El principal atractivo de estos productos de palma en la industria alimentaria es que resultan más económicos, además de por su maleabilidad (se utiliza para dar consistencia y untuosidad), porque permite alargar la vida útil de los productos evitando su deterioro visual. Sin embargo, como explican los especialistas, su consumo en altas cantidades no es beneficioso, además de que la producción de este aceite se concentra en países tropicales y su cultivo y fabricación está generando problemas medioambientales. La grasa de palma, con bastante presencia en los alimentos procesados pero no solo en ellos, es un subproducto que tiene casi un 70% de grasa saturada. Es la principal razón por la que se aconseja restringir su consumo, ya que el exceso de grasa saturada resulta nocivo para la salud cardiovascular. Ese tipo de grasa aumenta los niveles de colesterol más que cualquier otra, además de que el exceso de grasas saturadas puede aumentar la biosíntesis de colesterol y tiene un efecto trombogénico, por lo que puede formar trombos en la sangre.

En cuanto al aceite de palma, se trata de un producto refinado con un 45% de ácido palmítico. Su característica principal es que al refinarlo deja de ser una grasa con propiedades beneficiosas porque pierde los antioxidantes. Tiene un 40-48% de ácidos grasos saturados (principalmente ácido palmítico), 37-46% de ácidos grasos monoinsaturados (principalmente ácido oleico) y en torno a un 10% de ácidos grasos poliinsaturados.

Por tanto, no se recomienda un consumo habitual de este tipo de grasas en la dieta, ya que un consumo excesivo puede favorecer el aumento de los niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL), el denominado comúnmente como colesterol malo. Se puede añadir a gran variedad de productos: helados, margarinas, natillas, platos preparados o procesados (pizzas, sopas, pasta), bollería industrial, galletas, snacks. Por último, el ácido palmítico es un ácido graso saturado que fabrica el propio organismo y está presente en muchos alimentos, por ejemplo en la leche materna, en la manteca e incluso en el aceite de oliva en pequeñas cantidades. Su consumo no resulta perjudicial siempre que no superemos los 8 gramos al día. Sin embargo, si se supera esa cantidad incrementa los niveles de colesterol.